Elegir la estructura de precios adecuada para tu negocio determina la rentabilidad, el posicionamiento y la percepción. La forma en que le cobras a tus clientes afecta tus ganancias e ingresos, a la vez que te ayuda a atraer, convertir y construir relaciones duraderas.
Tu estructura de precios debe reflejar el valor de tu oferta mientras sigue siendo atractiva para los clientes para garantizar la sostenibilidad de tu negocio. Si bien hay varios métodos de fijación de precios entre los que puedes elegir, cada uno tiene sus propias ventajas e inconvenientes.
El modelo que elijas dependerá en gran medida de tu tipo de negocio, mercado y preferencias de los clientes. Una estructura de precios popular es la tarifa fija, que ofrece precios simples y transparentes que resultan atractivos para los clientes.
¿Qué es una tarifa fija y es buena idea para tu negocio? Sigue leyendo para obtener más información sobre las tarifas fijas y cómo afectan a las empresas y sus clientes.
¿Qué es el precio fijo?
La estructura de precios con tarifa fija se refiere al uso de una cuota fija para un determinado producto o servicio, independientemente del número de horas trabajadas o los costos adicionales del proyecto. La tarifa fija, que significa la cuota fija por servicios o productos, incluye todos los costos y las ganancias deseadas en el precio final.
Por ejemplo, un diseñador gráfico freelance podría incluir gastos generales, herramientas de software y horas trabajadas en su estimación final del precio de tarifa fija. Cualquier fluctuación que ocurra no afecta al cliente, por lo que si el diseñador gráfico trabaja 5 o 10 horas, se le paga la misma cantidad.
La mayoría de las empresas que utilizan este modelo de precios se dedican a la prestación de servicios, y su trabajo se suele completar en un plazo determinado con pocas fluctuaciones. Los abogados, diseñadores, redactores publicitarios, empresas de cuidado del césped, empresas de reparación de automóviles, plomería, etc. pueden usar precios de tarifa fija para servicios comunes.
Por ejemplo, un redactor publicitario podría cobrar una tarifa fija por una página de destino, mientras que un plomero podría cobrar una tarifa fija por la limpieza de desagües.